LE has dicho hoy a tu madre
que vienes a la casa con mi hermano:
una playa, un perro, una azotea perdida
donde escribes poemas o mejor
se imaginan,
un corazón partido por la arena
y borrado en las olas memorables.
Es invierno.
He encendido el cigarro con dos manos
y he quemado un mechón de mi cabello,
he tragado más humo que una fábrica
y al final el cigarro se consume
en una losa azul, descolorida.
Me has dicho que es el fin,
no más mentiras, hay que jugar muy limpio,
porque toda limpieza es más sensata
y yo como un imbécil te he creído,
asiento, me disparo y te recuerdo tanto
en esta tarde, por tantas falsedades,
que prefiero pensar en los cigarros,
los puedo dominar y nunca mienten.
De Introducción y Detalles (Betania, Madrid, 1.991)
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martes, 31 de marzo de 2009
sábado, 21 de marzo de 2009
Sin que venga la niebla
QUIERO que sepas, por encima de todo,
que no entiendo el sentido de este amor:
las noches frías de un invierno enclaustrado
o el calor agobiante de estas tardes
cuando paseo y recuerdo los lugares que anduvimos juntos.
La mañana con viento en el Alcázar
y tu falda volaba como lo hacen las hojas de los sauces.
Quiero que sepas, si no es mucha molestia,
que te echo de menos:
tus risas, tus cabellos, tus detalles pendientes de un hilo,
aquel abrazo lento y fugitivo en la esquina del parque
con un te quiero mucho y una lágrima...
Recuerdo que tus pasos en la acera
iban dejando sombras, y hasta melancolía,
porque no es posible querer y ser querido
sin que venga la niebla
y difumine entonces tus risas, tus cabellos,
y ese quiero que sepas que te quiero.
De Introducción y Detalles (Betania, Madrid, 1.991)
que no entiendo el sentido de este amor:
las noches frías de un invierno enclaustrado
o el calor agobiante de estas tardes
cuando paseo y recuerdo los lugares que anduvimos juntos.
La mañana con viento en el Alcázar
y tu falda volaba como lo hacen las hojas de los sauces.
Quiero que sepas, si no es mucha molestia,
que te echo de menos:
tus risas, tus cabellos, tus detalles pendientes de un hilo,
aquel abrazo lento y fugitivo en la esquina del parque
con un te quiero mucho y una lágrima...
Recuerdo que tus pasos en la acera
iban dejando sombras, y hasta melancolía,
porque no es posible querer y ser querido
sin que venga la niebla
y difumine entonces tus risas, tus cabellos,
y ese quiero que sepas que te quiero.
De Introducción y Detalles (Betania, Madrid, 1.991)
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