
Más sí he de beber vuestros besos, ambrosía que ni los dioses conocen. Dulces brevas del alma vuestra que en mi boca se hacen miel y canto.
¡Sí, Isolda! ¡Os amo, mi Señora y mi Vida! No debéis suplicar por lo que mi corazón grita a los cuatro vientos, no dejéis que vuestro amor por este humilde caballero os nuble la razón. Pues antes moriría ahogado en el caudaloso mar de la incertidumbre que veros presa de la súplica traicionera.
A vos os digo mi amada Isolda que no existen los avernos estando a vuestro lado, los huracanes cambian de rumbo y las marejadas me elevan hacia lo eterno.
¡Os amo con la pasión de un volcán!
Vuestras son las estrellas y mis labios que os besan perdiéndose en el tierno remanso de vuestra boca.
Éste es un regalo para mari.
ResponderEliminar¡Que lo disfrutéis señora! Espero que sea de vuestro agrado.
Os saludo con afecto.
Liliana,eternamente agradecida por tu precioso regalo.
ResponderEliminarDe una romantica para otra romantica,VIVA EL AMOR!!!!!!!!.
Un beso.
¡Qué VIVA, doña mari! Si os hago feliz con mis monólogos, trararé de daros gusto, que el gusto es para mí complaceros.
ResponderEliminarA vuestros pies.
¡Guauuu! ¡Pero Lili, te me has ido a la España Medieval! ¡Estupendos monólogos! ¡Enhorabuena!
ResponderEliminarMuchos besos amiga mía.
Jajaja, don Charly, encantada está esta dama de encontraros en este sitio.
ResponderEliminar¡Vive Dios, que sois fiel amigo!