domingo, 5 de abril de 2009

Capítulo IX: Aparece el reloj de don Jaime



Entre tanto doña Christiane, ya está en las habitaciones de Don Juan Tenorio tratando de encontrar la bota de cuero que guarda el reloj encantado de don Jaime. La prisa es mala consejera:

¡Virgen Santísima! ¿Dónde estará la bendita bota del truhán? Estos aposentos son dignos de un rey, tantos cofres de ropa acarrea el pillo…
Debo apurarme o don César tendrá problemas, que no quiero que los tenga ni por mí ni por nadie. Le he tomado especial estima al caballero, no permitiré que sufra daño alguno.
¡Aquí está! ¡He encontrado la bota!

La dama introduce su mano hasta el fondo del calzado, y allí tantea una forma que adivina es el reloj. Lo saca prestamente y lo envuelve en un pañuelo de seda blanco que coloca en el bolso que lleva colgado a la cintura, el mismo bolso en el que traía la poción que hizo hablar a don Juan.
Acto seguido corre escaleras abajo donde se encuentra con semejante revuelo ante el inminente duelo que está a punto de iniciarse. Duda, piensa… todo a un tiempo, pues no está dispuesta a perder a don César y menos aún caer en las manos de Tenorio. Finalmente y como último recurso, tercia entre ambos que están rodeados por los parroquianos del lugar y unas cuantas mujerzuelas de poca monta.

¡Alto, caballeros! Os pido que me escuchéis.
Vos don Juan, según dicen las malas lenguas, sois un amante prodigioso y rico.
Vos don César, sois un caballero dispuesto a morir por una causa justa y una dama en apuros.
A ambos les propongo un trato: aquél que el duelo ganare, elegiré yo por esposo que en mi tierra soy princesa y de tal unión heredaréis el palacio del rey mi padre. Sólo pido una condición y es que el duelo se realice por la mañana, antes de que el alba despunte. Y no creáis que es un capricho mío señores, no lo es. Ésa es la hora en que la Guardia Real pasará a recogerme, de manera tal que sería apropiado que cuando esto pase, me fuera yo con mi prometido.
¿Qué decís caballeros?
(Espero que acepten de buen grado, debo ganar tiempo para huir con don César. ¿Huir con don César? ¡Dios, qué estoy diciendo! ¿Es acaso que mi corazón grita lo que mi razón se niega a aceptar?)

(Hum… Las malas lenguas dicen del Tenorio cosas peores, y las buenas también. Pero… ¿de qué dichoso reino hablará doña Christiane? ¿La Guardia Real, dice? A fe mía que desconocía yo estos detalles. Dice ella que estuvo encerrada en una torre por ser hija bastarda del rey. Del rey de las Españas, entendía yo, pero esto… no sé, no sé… ¿No será toda esta confusión cosa del maldito reloj del difunto don Jaime, el que decía doña Marian de Altascumbres que tenía poderes mágicos? ¿No estará ejerciendo ese reloj influencias demoníacas en la sesera de doña Christiane? Vive Dios, sería un crimen que la cordura se perdiera en tan bella cabeza. No sé… no sé… tal vez ese reloj hechizado… o tal vez sólo pretenda confundir a esta canalla de la taberna del Gato)

-Por vos, señora, sería yo capaz de demorar mil duelos. Ayala, podéis posponer vuestro entierro hasta mañana a mediodía. Mi trabajo me cuesta, no creáis, prolongaros la vida más de lo que os merecéis, pero por tan bella y distinguida señora lo hago, Dios está de testigo. Pero, señora mía, habláis de reinos y de desposorios, y bien sabe todo el que me conoce lo enemigo que soy yo de tales asuntos. La mentira está desterrada de mi corazón, aunque por vos lo pensaría, no creáis… lo de desposaros, digo. Es más, decidido lo tengo ya, valga la apuesta. Mientras, si lo deseáis, podéis volver a mis aposentos y pasar allí la noche. Don Juan Tenorio se casará con vos.

“Los acompañantes de don Juan, las mujerzuelas de las mesas y la taberna entera irrumpen en sonoras carcajadas”

-Tenorio, no soñéis con lo que no podéis alcanzar. Antes de embaucar a esta dama tendréis que pasar por encima de mi cadáver, y os aseguro que gente más brava que vos lo ha intentado.

-Vos estáis muerto ya, Ayala, y los muertos no deciden.

“Don Juan se gira hacia tres hombres que hay en la barra y les hace una señal con la cabeza. Instantáneamente se dirigen hacia don César despojándose de sus capas. Se hace el silencio en la taberna. Todos presienten que alguien va a morir. Los hombres, conforme avanzan con lentitud, amenazadoramente, acarician las cazoletas de sus espadas. El que está más cerca de don César enseña una faca, pero el de los tercios es más rápido. Como si estuviera acechando el movimiento, veloz como una centella, desenfunda dos pistolas que lleva montadas. Con una apunta al hombre, en la frente, a tan poca distancia que el cañón roza su entrecejo; con la otra a don Juan. Lentamente, amartilla las armas. Hasta las mujerzuelas han dejado de reírse, y algunos clientes, alarmados, abandonan sigilosamente la taberna.”

-Ya veis, don Juan, quién es el que decide y quién el que puede estar muerto. Doña Christiane, no os alerméis, caminad lentamente hacia la puerta y esperadme en la calle, parece que don Juan va a seguir soltero.

-Vive Dios que sois un rufián, Ayala, además de cobarde.

-Podéis mover la boca todo cuanto queráis, pero no se os ocurra mover una mano o sois hombre muerto. Vamos, doña Christiane, empiezo a ponerme nervioso y puede que mis dedos me traicionen.

“Los dos avanzan de espaldas hacia la puerta. Ayala sigue apuntando a la concurrencia con las pistolas. Ya en el sardinel, el de los tercios da una patada a la puerta de la taberna y la cierra. El portazo suena como un disparo”.

-Vive Dios, doña Christiane, corred, corred y no volváis la vista atrás. Vamos prestos a la taberna de Buttarelli.


(A fe mía que es osada doña Christiane. Pardiez, subir a los aposentos de esa rata y robarle un reloj… servirle un bebistrajo ponzoñoso para hacerlo confesar… Vive Dios que esta mujer vale su precio en oro, merecería dar la vida por ella. Pero… ¿Qué digo? ¿Acaso he perdido la cordura por completo?)

-Corred, doña Christiane, corred, por la Virgen Santísima, no os detengáis.

4 comentarios:

  1. hola que historia verdad
    historias de la vida que cuentan historias no se si veraces que al fin terminan siendo algo mas que historias
    besos
    desde zaragoza

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  2. Gracias a todos los que participais en esta historia,estoy disfrutando mucho,lo hacéis GENIAL !!!!!!

    Un beso para todos,desde Barcelona.

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  3. Gracias, Mari, eres la mejor. Un fuerte abrazo.

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